24.6.18


Ceba JG Da Yenchi


                      
Maradona y Passarella, "los dos capitanes"


De antemano, previo al inicio del Mundial Rusia 2018, eran muchas las dudas sobre las posibilidades y rendimiento de la selección de Argentina, rodeada de polémica y cargando sobre sus espaldas la derrota en tres finales a máximo nivel de competición en los últimos cuatro años.

Disputados ya los dos primeros partidos, las interrogantes se confirmaron y con creces. Un empate frente a la debutante y humilde Islandia después de ir en ventaja 1 a 0, al cual se sumó la estrepitosa caída frente a Croacia con un lapidario 3 a 0 favorable a los europeos, dejaron a los albicelestes al borde de la eliminación. De no vencer en su último partido de primera fase ante la selección de Nigeria, los dirigidos por Sampaoli volverán a Ezeiza en una de las más pobres performances de su historia. Sería la quinta vez esta de Rusia 2018, en que los argentinos se van de una justa mundialista en la primera de cambio.

La primera vez fue en Italia 1934. En un campeonato disputado por sistema de eliminación directa, los argentinos cayeron por 3 a 2 frente a la representación sueca, muy lejos de instancias de definición en lo que hoy serían “Octavos de Final”.

Ausentes en 1938, 1950 y 1954, veinticuatro años después la albiceleste volvía a la máxima justa en Suecia, con renovadas credenciales producto de su resonante triunfo en el Campeonato Sudamericano de 1957 en Lima, Perú, antepasado de las actuales Copas Américas. Derrota en el debut frente a Alemania por 1 a 3 y con la particularidad de usar por única vez casaca amarilla. Victoria en el segundo partido frente a Irlanda del Norte 3 a 1, y el último por la clasificación en partido frente a Checoslovaquia. Catastrófica caída por 1 a 6 y humillante regreso a casa en lo que se llamó “El desastre de Suecia”.



Suecia 1958. Debút argentino frente al flamante campeón Alemania y con la singularidad de esa tarde vestir camiseta amarilla. Los albicelestes volverían en primera fase.

Suecia 1958. Una postal de “el desastre de Suecia”, Argentina cae con Checoslovaquia. El resultado final 6 a 1.

Cuatro años más tarde, en Chile 1962 el rendimiento fue más decoroso pero sin brillo alguno también se vería la temprana eliminación en primera ronda. Pálido debut con triunfo frente a Bulgaria por 1 a 0, derrota frente a Inglaterra 1 a 3 y un cerrado empate 0 a 0 con Hungría permitió a los europeos avanzar a segunda fase por mejor diferencia de gol. Nuevamente triste retorno.

Para 1966, por primera vez desde 1930, Argentina lograría superar la primera fase. Victoria 2 a 1 a España, empate 0 a 0 con Alemania Federal y un triunfo frente a Suiza por 2 a 0 depositó a la albiceleste en Cuartos de Final frente a nada más y nada menos que el local Inglaterra. Con un Wembley rebosante, y el hasta hoy polémico arbitraje del alemán Kreitlen, fue victoria 1 a 0 para los dueños de casa con gol de Hurst. Nuevo fracaso, un paso antes de poder estar entre los cuatro mejores y el seguir siendo “campeones morales”.

1970 en México fue la última ausencia mundialista, eliminados por el gran Perú de Cubillas y Chumpitaz. Para Alemania 1974 y ya con la novedad de jugadores militando en clubes europeos se superó primera fase, dejando atrás a Italia y Haití, para avanzar junto con Polonia a semifinales. Estas se jugaban por sistema de dos grupos de cuatro selecciones cada uno, de los cuales los ganadores avanzaban a la final y los segundos mejor clasificados al partido por el 3er puesto (mecanismo de clasificación puesto en práctica solamente aquél año y cuatro años más tarde cuando el campeonato se jugó en suelo argentino). En tierras bávaras el inicio de esa fase fue con un 0 a 4 a manos de la Holanda de un intratable Johann Cruyff, posterior caída con Brasil por 1 a 2, y ya eliminados un empate 1 a 1 con la desaparecida Alemania del Este.



Alemania 1974. El saludo de los capitanes, Johan Cruyff y “El Mariscal” Roberto Perfumo. Aquella tarde los naranjas pasearon a la albiceleste, 4 a 0.


Las historias de 1978 y 1986 son más que conocidas, con Argentina alzándose con el título en su casa así como en México ocho años más tarde de la mano de Diego Armando Maradona. Entre ambos, España 1982 con caída en cuartos de final frente a Italia y Brasil, 1 a 2 y 1 a 3 respectivamente.

El Mundial de Italia 1990 también vio a la albiceleste en sitial de definición, perdiendo la final frente a Alemania Federal por 0 a 1 gracias al dudoso penal convertido en gol por Andreas Brehme a pocos minutos del final. Ya en Estados Unidos 1994, con todo el escándalo del caso de doping positivo de Maradona, vio a los dirigidos por Alfio “Coco” Basile despedirse de Estados Unidos en Octavos de final luego de perder frente a la Rumania de Hagi 2 a 3 y pronta vuelta a casa sin recuperarse del impacto de perder a su máximo referente.

La actuación en Francia 1998, de la mano de Daniel Passarella como responsable técnico, tampoco tuvo a Argentina entre los cuatro mejores, derrotada por la Holanda de Bergkamp, Kluivert y Davids 1 a 2 en Cuartos de Final. Performance dolorosa pero que no sería nada frente al papelón cuatro años más tarde en tierras asiáticas.

Para Corea-Japón 2002 la Argentina de Marcelo Bielsa llegaba pletórica y triunfal, luego de su clasificación en 1er lugar en la siempre exigente eliminatoria sudamericana. En un grupo complejo el inicio venciendo a Nigeria 1 a 0 fue seguido de una dura derrota frente a la Inglaterra de Beckham 0 a 1, forzando a tener que lograr un triunfo frente a Suecia el último rival de la llave. En la madrugada argentina, el agónico empate de Crespo para lograr el 1 a 1 no alcanzó y la mañana siguiente vio a los diarios anunciar lo impensable: “Argentina eliminada”.

Curiosamente de ahí en más la albiceleste encontró siempre en Alemania su verdugo en las justas mundialistas. En 2006 derrota por penales en Cuartos de Final para alegría de los teutones en su propia casa, con la recordada “lista” en la media de Lehmann y los dirigidos por José Pekerman afuera de las instancias de definición. Para 2010 y de la mano de un poco ortodoxo Diego Maradona esta vez en rol de entrenador, la salida de la Copa fue más accidentada y dolorosa. Un rotundo 0 a 4 en Cuartos y un nuevo fracaso.

Ya para 2014 en Brasil, y la historia más reciente que hace a parte de la gran mochila, Argentina llega nuevamente después de venticuatro años a la final de la mano de Messi y con Alejandro Sabella a cargo de la dirección técnica. En un partido duramente disputado, Alemania no falló en el momento justo y con gol de Mario Goetze selló el 1 a 0 que coronó la cuarta conquista mundial germana.

De ahí a junio de 2018 se le sumaron a la dura caída mundialista, dos derrotas consecutivas en finales de América a manos de Chile, primero en la Copa América disputada en Chile en 2015, y después en Estados Unidos con la “Copa Centenario”.

Por si fuera poco, tras esa derrota Lionel Messi renuncia a la selección, para luego arrepentirse y volver cediendo a la presión popular de los mismos que lo defenestraban y señalaban como máximo culpable de la penosa situación de la otrora gloriosa y multicampeona albiceleste.

En cuanto a la dirección técnica, la tormenta hace naufragar a Gerardo Martino y Edgardo Bauza, derivando en 2017 en la llegada de Jorge Sampaoli como “salvador”. Lejos de lograr un revulsivo, Argentina apenas logra una angustiosa clasificación en la última fecha de eliminatorias, escapando de la eliminación gracias a la obra y gracia de Messi y su inspiración. Es así que la víspera del decisivo encuentro de Argentina frente a Nigeria pone sobre el tapete todo el peso de la historia y la gloria… junto con todo el peso de un presente de total duda, incertidumbre y cuestionamientos. El hecho es que de no obtener el triunfo, además del rotundo fracaso, la albiceleste igualaría sus cinco definiciones en finales con también cinco eliminaciones en primera fase.

Un golpe que sería durísimo para el ego de una de las potencias del fútbol mundial, y que sumaría pesados ladrillos a la ya casi inmanejable mochila que llevan sobre sus hombros Messi, Sampaoli y toda una generación cuestionada como pocas. El martes 26 de junio de 2018 una nueva página será escrita. De ser victoria albiceleste, alimentaría una renovada y quizá superficial ilusión de avanzar, pero de no lograrse sería sin lugar a dudas una de las más oscuras en la historia del fútbol argentino.
 


20.6.18

                              Clink caja: gol de Suárez y Uruguay a octavos / Foto: Reuters


En su segundo partido por el grupo A, en Rostov, Uruguay enfrentó a Arabia Saudita. La Celeste venía de un triunfo agónico 1-0 ante Egipto mientras los saudíes de comerse un 0-5 ante Rusia, la gran sorpresa del grupo.

En la víspera a este segundo partido Celeste, Rusia venció con autoridad 3-1 a Egipto, resultado que dejó a los locales en octavos de final mientras a los africanos con pie y medio fuera, solo a la espera de un milagro: derrota de Uruguay ante los árabes y esperar golear a estos últimos en la última fecha del grupo, y además que la Celeste no pudiera con Rusia. Mucha calculadora...

Por su parte, Uruguay salió a enfrentar a Arabia con dos cambios de acuerdo al triunfo ante Egipto. Rodríguez y Sánchez de arranque, el primero volanteando por izquierda y el otro por el carril derecho y dueño de los balones quietos. Estos dos veteranos del “Proceso” habían entrado en buena forma por Nández y De Arrascaeta en el segundo tiempo del triunfo ante Egipto, por lo que Oscar Tabárez decidió darles titularidad.

Pero ante Arabia no funcionó ninguno de los dos cambios, como la gran mayoría de las individualidades de la Celeste. Un equipo que comenzó a disputar el partido con cierta apatía, sin creación de juego, de circuitos y con varios jugadores en discreto nivel. Vecino, Bentancur, Rodríguez, Sánchez, Varela, Cáceres, poco finos en las entregas del balón como en sus posicionamientos ofensivos.

El partido pasaba los 20’ y era pobre, sin situaciones de gol en los arcos. Arabia debía ir por el triunfo mientras Uruguay fallaba en el control del balón y prácticamente lo entregaba al rival con malos pases o resoluciones apresuradas. Pero los dirigidos por el argentino Juan Antonio Pizzi apenas si inquietaron con peligro el arco de Muslera. Sin ideas con el balón en control, salvo algún amague en abrir el campo o verticalizar el juego con toque rasante, los árabes poco y nada.

A los 22’ cayó una sorpresa que determinaría el trámite. Corner para Uruguay, una horripilante y rocambolesca salida del golero Al Owais, quien más que salir como un golero profesional (seguro, con los puños a romper por si acaso dudaba de controlar el centro) terminó en la foto del gol como papando moscas, desarticulado en el aire, sin haber sido desestabilizado por algún jugador, con un manotazo lejos de todo, del balón y del sueño de su país en el Mundial, ya que el balón siguió viaje y Suárez anticipó para definir sin problemas a la red. 1-0 la Celeste.

El gol bajó la cortina. Uruguay jamás dejó de jugar sin atender al resultado, por ende la clasificación a octavos de final. Siguió mostrando problemas como equipo en la creación de juego ofensivo hasta el final de la primera mitad.

En el complemento, Tabárez acertó con los tres cambios, aunque algo demorados en el tiempo. Adentro Torreira, Laxalt y Nández; fuera Vecino, Sánchez y Rodríguez. De los tres volantes que ingresaron, el que mejor lo hizo fue Torreira, rápido en la presión en el mediocampo y en auxiliar a Bentancur, que fue de menos a más en el juego por la proximidad de Torreira. Laxalt, abierto por el carril izquierdo, buscó sin fortuna encontrarse con Cavani y Suárez.

Fue un partido chato pero con el objetivo cumplido para Uruguay: clasificar a octavos de final. Dos goles (ambos de jugada de balón parado), seis puntos y a pensar en Rusia para decidir el líder del grupo A. Como dijimos en nuestra crónica del partido ante Egipto, hay que seguir trabajando y lo más importante: encontrar el equipo en el mediocampo, donde hay poca sorpresa en la creación de juego para dos delanteros de élite como Suárez y Cavani. Ante esta endeble Arabia (de las peores selecciones del Mundial) ingresó bien Torreira, quien puede comenzar a tener más minutos.

Pero el próximo partido será otra historia: el lunes espera Rusia, un equipo diferente y superior a Egipto y a Arabia, que goleó a ambos, y que recurre a mucho juego físico, verticalidad e individualidades claves en el mediocampo y en el ataque. Será una prueba más, y de mucho más rigor, para ver de qué está hecha esta Celeste en esta Copa del Mundo.


Epílogo

Así vio el partido (o más bien estos dos primeros partidos de Uruguay en el grupo A) Martín, parte de la Santísima (?) Trinidad de FdM. Fue como comentario, pero por su claridad "analítica JRística (?)", calza perfecto como epílogo a la crónica:


Primeramente me alegra oír una autocrítica de Tabárez, sumado a que hoy vió bién y rápido los cambios que hacían falta, cosa que no suele suceder con el Troesma. Es facilmente analizable el problema de la celeste: en defensa no se decide a presionar pero tampoco espera de forma compacta, deja enormes espacios entre las líneas y marca muy de lejos en el mano a mano, lo que permite que los rivales reciban solos entre dichas líneas con tiempo y espacio para jugar. 

Con Arabia no fue tan grave por lo limitado de sus jugadores pero es suicida dejarle ese espacio para jugar a otros jugadores de mejor nivel. En ataque no utiliza las bandas, no termina nunca de abrir la cancha, los laterales no se desdoblan con profundidad. No termina de cambiar de ritmo nunca. 

Por otra parte, ninguno de los delanteros baja a ocupar los espacios entre líneas que deja el rival, para recibir sin marca o abrir espacios para el otro delantero en caso de que algún central lo siga. Sumado a la estaticidad de todo el equipo resulta en esos pases intrascendentes para los costados y para atrás que se repiten eternamente. 

Habría que juntar las líneas hacia adelante para presionar con mas intensidad, aunque teniendo en cuenta que Josema y Godin no se sienten tan cómodos marcando en mitad de cancha, mas probable sería juntarlas hacia atras, con mas compromiso del resto del equipo para marcar pegados y no dejar recibir con comodidad, aprovechando luego el campo libre contrario para salir rápidamente con los dos delanteros que son letales con espacios. Probablemente esa sea la estrategia de aquí en adelante contra rivales de mayor calibre. De ser así Uruguay sigue teniendo chances de llegar lejos pese al flojo rendimiento en estas primeras fechas.


15.6.18

El gol agónico de Josema para el poster / Foto: Reuters 


Terminó la espera. Luego de cuatro años de aquella salida agridulce de Brasil, con justa derrota ante Colombia en octavos de final por parte de un equipo decaído tras el “Suárez biting affaire”, esperaba el ultra moderno estadio de Ekaterimburgo en Rusia. Tercer mundial de competencia consecutiva para los Orientales y para el “Proceso” liderado por Oscar Tabárez.

En la víspera, en la apertura del grupo A, la selección local sorprendió y trepó a la cima con una goleada contundente 5-0 ante la murga Arabia Saudita, dirigida por el argentino Juan Antonio Pizzi. 

Los nervios comenzaron a jugar en contra para los dirigidos por Tabárez cumplidos los primeros 20’. El mediocampo no rendía y el equipo lo sentía. Los delanteros Suárez y Cavani no estaban cómodos. El balón no llegaba claro. La segunda pelota brillaba por su ausencia. Muy flojos Giorgian, Vecino y Nández.   

Egipto por su parte jugó el partido que mejor le servía. Se notó orden y táctica. Laburó bien el partido el DT argentino Héctor Cúper. Un equipo que se sentía menos que Uruguay, pero que resolvió bien parado en el fondo e intentando salir en bloque. En busca del viejo y querido zarpazo.   

Pero al faltarle su estrella, el delantero Salah (se recupera de una lesión en su hombro) sentado en el banco de suplentes, a Egipto le faltó lo evidente: presencia de ¾ de campo en adelante. De tener algo, se complicaría aún más para un Uruguay de poca chispa futbolística. 

El capitán Godín se puso el equipo al hombro en la primera mitad. Suárez daba pelea pero no se podía crear espacios. Cavani flotaba bordeando el área, retrasado apenas pero sin gravitar. La merma en el juego de Giorgian (llamado a ser la manija del equipo, el supuesto 10), volcado con pierna cambiada sobre la punta izquierda pero peleado con el balón y limitado por el trabajo en bloque de los defensores y volantes africanos, fue clave para la pobreza en el ataque. 

El pitazo del sobrio referí Kuipers para terminar los primeros 45’ cayó como un raspón para el público uruguayo. El equipo no aparecía y no le encontraba la vuelta a un rival modesto y aplicado.

Salah se acomoda el hombro mientras Egipto sufre su ausencia



En el complemento, la cosa lentamente comenzó a cambiar. Hubo adelantamiento Celeste, más énfasis en el toque en el mediocampo y en el intento de recuperar el balón. Pero seguían sin destacarse piezas claves como Vecino y Bentancur. Suárez seguía revuelto, sin encontrarle la vuelta al encare de cara al gol. No se juntaba con Cavani. Ambos no ganaban espacios para un posible pase que, además, no estaba llegando.

Egipto seguía su juego basado en un método que ya tenía tintes de escuela militar: defensa y salir en bloque. Sin romances ni locuras a la vista. Pero seguía sin tener algo fundamental: ataque. Elsehenawy flojo y controlado por la gran figura de Godín, escoltado por Giménez en la zaga. El golero Muslera jugó más con el pie en la salida calma del equipo que con sus manos, salvo un shot a distancia con peligro pero controlado sin dar rebote.

La cosa no marchaba y Tabárez hizo cambios correctos, entre la cautela y la propuesta. Fuera Giorgian y Naitan Hernández (?), ambos de bajo partido; adentro Sánchez y Cebolla. Dos jóvenes del recambio generacional que no funcionaron en el debut por dos veteranos de mil batallas. Jugada de ajedrez.

En el primer balón que el Pato controló, con su primera trepada por el carril derecho, acertó. Buen arranque para el volante que comenzó a gravitar. Todo balón parado era suyo y los envíos eran correctos.

Iban 30’ y comenzaba a ser el partido del golero egipcio, El-Shenawy, quien primero le tapó un gran mano a mano a Suárez, que lo quiso eludir ante la posibilidad de haber definido antes. Minutos más tarde, atajó con gran plasticidad en la volada un balazo a distancia de Cavani.

En los últimos 10’ Egipto tuvo un par de contragolpes aislados, frutos más de errores Celestes que de méritos propios. Los africanos extrañaban a más no poder a Salah, que lo miraba desde el banco. Pero los africanos no faltaron a la cita. Parecía que Cúper estaba sacando petróleo del field de Ekaterimburgo. Un empate con sabor a goleada.

Pero entrados los últimos 5’, Egipto clavó obreros y pirámides en el área de El-Shenawy. El guion se repetía mientras los uruguayos presionaban hacia el área más que generar ataques claros. Los africanos bancaban un resultado que podría ser histórico y clave para su vida en el grupo A. Salah ahora sufría desde el banco: gesto adusto y todas las ganas de estar con sus compañeros en la batalla.

Uruguay, que había crecido en su posicionamiento en el campo, no le encontraba la vuelta al trámite. Pero los cambios fueron acertados, ya que Cebolla le agregó presencia y polenta al ataque, mientras Sánchez tuvo otro centro en la agonía. Pero se iba la novia…

Minuto 89’. Balón parado desde el sector derecho para la Celeste, toda de blanco como ante Italia en Brasil 2014. Gran envío del Pato y Giménez ganó con gran cabezazo ante camisetas rojas y blancas. Como aquel gol de Godín (que en esta foto quedó apenas detrás de Josema) ante los tanos en Natal, casi un papel de calco. Monseh, estático, la vio pasar y pestañeó cuando el 1-0 era inevitable. Red. Caía la resistencia egipcia, de muy buen partido y mejor trabajo de equipo.

Josema se agarraba la camiseta en la zona del escudo mientras corría en dirección de sus compañeros de equipo, cerca del cuarto árbitro. Montonera, sonrisas y destape. Los hinchas uruguayos deliraban en las tribunas y ante las pantallas fuera del estadio. Un solo grito de gol, agónico, retumbó en Ekaterimburgo. Balón parado y la receta de la casa, esa que ha marcado en tantas ocasiones la rica historia de nuestro fobal.

Costó pero finalmente salió. Hay que corregir, pero nada mejor que hacerlo con un triunfo en debut mundialista. Algo esquivo, ya que desde México 1970 que no ocurría para Uruguay. Esto sigue. Partido a partido. Vamos que vamos.



7.6.18



Ceba JG Da Yenchi con entusiasmo, sublime, inflamó (?).

“Bochornoso como Coppolo”, inmortalizó León Gieco en una parte de su recordado hit “Ojo con los Orozco”. Y la verdad que la palabra bochorno cobró particular vivacidad durante la previa del estreno de la producción fílmica uruguaya “Sangre de Campeones”, mientras que también valió decir “Ojo con…”. Pero salvados los Orozco, mutó hacia un “Ojo con Atilio Garrido, que te mete a Tenfield hasta en el altar de una iglesia hablándole a un futuro matrimonio”. 

Es que ni las glorias de 1924, 1928 y 1930, épicamente evocadas en la película, como tampoco los espectadores en sala, merecían bajo ningún concepto el paupérrimo espectáculo brindado por el periodista. Un discurso arrogante y desviado. Una burda, innecesaria y desagradable apología del grupo Tenfield, que cada vez que era nombrado despertaba silbidos, gritos y un murmullo generalizado por parte de los espectadores.

Y es que ¿cómo puede reaccionar una uruguaya o uruguayo en un nivel de afinidad media al contexto futbolero local a la impúdica obsecuencia desplegada por el orador? Por supuesto que es valorable que se promuevan y financien las iniciativas que logran difundir y rescatar lo mejor de la riquísima “noche de los tiempos” de la gloria celeste, u otros logros y triunfos que hacen a nuestra mejor tradición y mística. Pero es inaceptable para el promedio del hincha uruguayo bancar la “sacada de chapa” barata, el “autobombo”, la “dorada de píldora”. 

Mucha agua pasó bajo los puentes desde aquella lejana tarde de Noviembre de 2001, cuando Richard “Chengue” Morales nos llevó a Corea-Japón 2002 y en el tablero de la Colombes (si, Colombes… testigo privilegiada de los albores de la máquina olímpica oriental) apareció el cuestionadísimo “Gracias Paco”.  Tanta agua que pasados los años el pueblo futbolero uruguayo le dio un casi que inaudito crédito a la selección uruguaya, a su cuerpo técnico y sobre todo sus jugadores y por consiguiente en cierta forma a el colectivo mutual que conforman los mismos. 

Algo inimaginable quince años atrás cuando todavía estaba fresca la histórica remontada para empatar y casi ganar a Senegal, y pasarían ocho largos años para volver a la máxima justa futbolera a nivel global. Algo que lleva a que el uruguayo promedio respalde plenamente al colectivo “Más unidos que nunca”, y por el contrario despotrique y pregone fervorosamente el transferir el monopólico y prepotente poder y dominio que durante largos años usufructuó Tenfield a otras manos, esperando otra gestión, otra transparencia.

Por eso los enardecidos silbidos, gritos y hasta leves agravios de los cuales fue víctima Atilio Garrido en la sala del Complejo Movie del Montevideo Shopping. Por eso el Director de Deportes, Fernando Cáceres, según indicaron algunos presentes y algunos medios de prensa, se retiró sin ver la película. 

Por eso también vale levantar la voz… Vale golpear la mesa… Y proclamar más que nunca:   

¡Larga vida al fútbol uruguayo! ¡Independencia! ¡Transparencia! ¡Más Scarones, más Nasazzis! ¡Más sangre de campeones y menos palabrerío barato y desubique! ¡Arriba Uruguay! ¡Más unidos que nunca! 







2.6.18





En un nuevo regreso de FdM, especial por la Copa del Mundo Rusia 2018, el blog del fobal uruguayo volvió el 25/5 con nuevo post: Rusia 2018: de 26 a 23

Como nuestros viejos lectores bien saben, cierta mística y futurología han sido moneda corriente en este espacio. Los nuevos que no lo sepan, solo recorran el blog y sus secciones. En FdM, lo esencial es visible a los ojos (y de paso, ante el jugueteo con esta cita célebre, recomendamos al lector curioso una lectura de Vol de nuit, de Antonito de Saint Exupéry).

Se sabe: hay cosas que no se compran en la farmacia (más allá de recientes triunfos en la Patria Oriental como poder adquirir ganja). Se sabe aún más: no podíamos dejar de apelar a nuestras mística y ADN, siempre con nuestra bola "símbolo" de enormes gestas: Washington. Se sabe aún mucho más: en FdM no nos sacamos dique; el dique nos sacó a nosotros...

En su momento, te cantamos los nombres de los futbolistas desafectados (a los que se sumó días atrás otro en la delegación: el jefe de seguridad por 18 años, Miguel Zuluaga, acusado de estar vinculado a torturas a presos durante la dictadura).

Finalmente, los tres que no pisan el Aeropuerto de Carrasco rumbo a Rusia, según confirmación del Maestro Tovara, son:

Lodeiro
Valverde
Ramírez



Los 23 Celestes que van a Rusia:

Cancerberos

Fernando Muslera (Galatasaray)
Martín Silva (Vasco da Gama)
Martín Campaña (Independiente)

Defensores

Maximiliano Pereira (Porto)
Guillermo Varela (Peñarol)
Diego Godín (Atlético de Madrid)
Sebastián Coates (Sporting Lisboa)
José María Giménez (Atlético de Madrid)
Gastón Silva (Independiente)
Martín Cáceres (Lazio) 

Volantes

Nahitan Nandez (Boca Juniors)
Matías Vecino (Internazionale de Milan)
Federico Valverde (Deportivo La Coruña)
Rodrigo Bentancur (Juventus)
Carlos Sánchez (Monterrey)
Giorgian De Arrascaeta (Cruzeiro)
Diego Laxalt (Genoa)
Cristian Rodríguez (Peñarol)
Nicolás Lodeiro (Seattle Sounders)
Gastón Ramírez (Sampdoria)
Lucas Torreira (Sampdoria) 

Delanteros

Jonathan Urretaviscaya (Monterrey)
Cristhian Stuani (Girona)
Maximiliano Gómez (Celta)
Edinson Cavani (Paris Saint-Germain)
Luis Suárez (Barcelona)

30.5.18


A menos de dos semanas de que comience a rodar el balón en la cita mundialista de Rusia, JG Da Yenchi nos introduce en el microclima/mundillo de compra, venta, robos, trueques, aprietes y demases (?) de otra cita mundialista por antonomasia: llenar el álbum de figuritas Panini.




¿Vendés? ¿Qué brillante tenés? ¿Escudos? ¿Leyendas? ¿Primera Página?

La fiebre coleccionista en su versión “Rusia 2018” corre como un tren sin frenos para los que van a bordo en el viaje de completar el álbum mundialista. Los ajenos y más lejanos al "Proceso" miran indiferentes y hasta con una sonrisa calma, sabiéndose inmunes a esa locura.

Locura porque sin mediar aviso te volvés a la fuerza un mediador, un diplomático y un espartano al mismo tiempo y en cuestión de pocos segundos. Representante plenipotenciario de vos mismo hasta por ahí nomás, estás un domingo sobre las dos de la tarde en la esquina de 18 de Julio y Fernández Crespo dispuesto a quemar cartuchos.

Izás las velas y te adentrás en el feudo de un veterano vendedor que no sabe de satisfacción del cliente, ni de “ganar-ganar” y que no tiene un solo cartel donde promocione sus “cotizaciones” como sí hacen otros, adentrados en la propia feria de Tristán Narvaja y más mediáticos alternándose entre conejos, hamsters, plantas, peces, peceras y jaulas. 

Este otro feudo es ajeno a la cartelería, está alejado tres cuadras del bullicio y no tiene promoción ni atractivo excepto el de montañas de figuritas. A buen entendedor, con buen olfato e intenciones de poder negociar en buenos términos la situación, le huele a peligro como cantó alguna vez la chilena Myriam Hernández, y quien seguramente no se hizo, se hace ni se hará problema nunca por el álbum Panini.

Y es que el buscado no es ni Suarez, ni Cristiano, ni Neymar: el buscado es el 225 en la espalda del universo Panini, de nombre Miguel Trauco y hombre de “El Tigre” Ricardo Gareca, quien devolvió a Perú a la máxima fiesta del fútbol después de treinta y seís años de ausencia.

El tema además es que ese feudo era ya el quinto establecimiento itinerante que el coleccionista devenido en mediador visitaba en el lapso de una hora, después de haber trillado Parque Rodó y varias otras mesas de la feria más famosa de Montevideo y el Uruguay todo, sin pista alguna del jugador incaico. Encontrándolas apenas ordenadas por país, rústicamente y con nulo cariño en su disposición, se da curso a la revisión de figuritas disponibles después de un parco saludo y en principio limpio acuerdo con el poco amistoso vendedor de que el canje es de “tres por una”.

Su mirada inquisidora y atenta acompaña desde un costado tus movimientos, y la paciencia en uno va decreciendo pero sin desviar la atención del foco principal y el plan maestro: encontrar a Miguel Trauco. Entregar tres repetidas cualesquiera como parte de pago. Salir de ahí en escape triunfal…

Alemanes, belgas, croatas, nigerianos, peruanos… Y ahí, en cuestión de uno o dos minutos apareció el gran Miguel Trauco, el más buscado de los herederos del Imperio Incaico, de los Oblitas, de los Chemo del Solar y de los Chorlis Palacios. Acto seguido: ejecutar el trueque.

Decís que te sirve, el vendedor asiente, desenfundás tu mazo de repetidas, separás los tres primeros jugadores que podés y se los das creyendo que todo el pescado está vendido y que nada puede salir mal. 

Error.

— Esto no me sirve para nada —suelta una inesperada bravuconada.
¿Disculpe? —respondo.
— Que esto no me sirve para nada... ¿No tenés nada de Uruguay?—refunfuña y desparrama figuritas sobre la mesa de venta.

Por dos segundos el momento es tenso, o petrificante al menos para mí. El mazo que volvía a refugiarse en en el bolsillo ve trunco el descanso, y del mismo aparece mágico “Josema”Gimenez, con el 86 en su espalda Panini. Al cruce. Un cierre digno de su calidad de zaguero, evitando que en pleno mercado de pases se caiga la sonada transferencia de Miguel Trauco de las faltantes a las conseguidas.

Sabor a triunfo mientras los pasos me van alejando del feudo. Una simple batalla en una larga guerra librada por semanas. Mientras Panini en sus stands y casa central incumple temporalmente la pauta puesta por escrito en la contratapa del álbum con su frase “Los álbumes Panini siempre se completan”, ya que todas las figuritas brillantes están agotadas por completo y “volverían” a aparecer “en quince días”. (Incertidumbre, olor a estafa o una versión elegante del viejo “vení mañana que hay croquetas”).

Mientras tanto, y probablemente con intacto o hasta incremental fervor hasta el jueves 14 de junio para después decaer, va a seguir el bullicio de padres y madres, niños y niñas, viejos y jóvenes, en la esquina de dos calles cualquiera, en un shopping, en la feria o hasta en la entrada de algún hipermercado. Alimentando que uno escriba que se trata de una locura y con una alta dosis de justificación porque festeja al final del día haber conseguido los escudos de Francia y Argentina. Y sigue atrás de la 2 que es la brillante con la Copa, de la 7 con la pelota oficial, de la Leyenda de Italia 1982 que es la 662.

¿Vendés? ¿Qué brillante tenés? ¿Escudos? ¿Leyendas? ¿Primera Página?



Cebó: JG Da Yenchi

25.5.18


Fanátiques (?) Menos de veinte días para el comienzo de un nuevo Mundial, con la alegría de tener a la querida Celeste presente. El Maestro dio la lista de 26 footballers de la que se descartarán tres, seguramente comunicados antes del 4 de junio.

Mientras en FdM no estamos seguros de una posible vuelta a la ciberesfera, el blog que se convirtió en leyenda años atrás vuelve con polémica, o mejor dicho, la deja servida a boca de jarro:

¿Qué tres footballers quedan arafue?

Centrojá (Modo JR OFF autorreferencial a la tercera persona) da sus tres:

Suárez
Cavani
Godín

No, en serio, van los tres:

Lodeiro
Valverde
Ramírez

Queda abierto el fondo para que dejen sus impresiones. Para usted, estimado lector, ¿qué tres jugadores quedan fuera?


Los 26 preconvocados:


Cancerberos

Fernando Muslera (Galatasaray)
Martín Silva (Vasco da Gama)
Martín Campaña (Independiente)

Defensores

Maximiliano Pereira (Porto)
Guillermo Varela (Peñarol)
Diego Godín (Atlético de Madrid)
Sebastián Coates (Sporting Lisboa)
José María Giménez (Atlético de Madrid)
Gastón Silva (Independiente)
Martín Cáceres (Lazio) 

Volantes

Nahitan Nandez (Boca Juniors)
Matías Vecino (Internazionale de Milan)
Federico Valverde (Deportivo La Coruña)
Rodrigo Bentancur (Juventus)
Carlos Sánchez (Monterrey)
Giorgian De Arrascaeta (Cruzeiro)
Diego Laxalt (Genoa)
Cristian Rodríguez (Peñarol)
Nicolás Lodeiro (Seattle Sounders)
Gastón Ramírez (Sampdoria)
Lucas Torreira (Sampdoria) 

Delanteros

Jonathan Urretaviscaya (Monterrey)
Cristhian Stuani (Girona)
Maximiliano Gómez (Celta)
Edinson Cavani (Paris Saint-Germain)
Luis Suárez (Barcelona)